Aprovecha las oportunidades: Una barca, una lancha, y un helicóptero

Resulta que hay unas inundaciones y un hombre se queda en lo alto de su casa totalmente aislado. Pasa toda la mañana y por la tarde llega una barca: - "¡Oooigaaa! suba que le llevamos." - "Noooo graciaaaas, tengo fé en Dios y seguro que él me salvará." - "¿Está seguro?" - "Siiii, sigan que Dios me salvará."

En esto que pasa toda la noche y al día siguiente pasa a su lado una lancha: - "¡Eh Oigaaa! suba que le llevamos." - "Noo no hace faltaaa. Soy muy devoto y seguro que Dios me salvará." Sigue pasando el tiempo y por la tarde llega un Helicóptero de la Guardia Civil: - "¡Ehhhhh! ¡El del campanario! ¿Necesita ayuda?" - "Noooo gracias. Confío en Dios, él me salvará." En esto que esa noche vuelve a subir el nivel de las aguas y el hombre se ahoga. Cuando va al cielo se encuentra con Dios y le dice: - "¡Señooorr! ¡Dios mío! ¿Por qué no me has ayudado?" - "¿Qué no te he ayudado? Te mandé una barca, una lancha, un helicóptero..."


Siempre me ha gustado el chiste de "Dios me salvará", porque describe bien una forma muy humana de actuar que es: "ya escampará", "ya mejorará todo", "quieto en la mata hasta que pase la tormenta". No digo que no haya ocasiones donde esto pueda tener sentido, sin embargo, parece lógico que si cambia el contexto en el que te encuentras de manera sostenida y te va peor haciendo lo que hacías, si sigues haciendo lo mismo te siga yendo peor.


Pero, ¿y si no sabes qué hacer?, ¿y si no puedes hacer gran cosa?, ¿el "naufrago" en su propia casa, qué podría hacer? Es entonces cuando la capacidad de observar y atender a nuestro entorno, y las oportunidades que éste nos brinda, es vital para avanzar.


Ahora viene la letra pequeña: si las oportunidades fueran fáciles de ver, las vería todo el mundo, y si fueran fáciles de acometer, no entrañarían misterio alguno. Una oportunidad supone en ocasiones una ruptura con el hábito, algo nuevo, una crisis. Muchas veces viene disfrazada de algo que sabes hacer, pero que no hacías, o no querías, o no contemplaste en su momento, o que puedes hacer pero teniendo que hacer un esfuerzo adicional. Ese esfuerzo adicional a veces es económico, a veces implica tu tiempo, pero la mayoría de las veces tiene que ver con la gestión de la incertidumbre y tu propio miedo.


El miedo es un mecanismo de superviviencia con el que nacemos de serie y nos avisa como nadie de los riesgos. Dicho esto, parece obvio que el miedo no hemos de eliminarlo para evitar convertirnos en idiotas, pero sí tenemos que aprender a escucharlo. Aprender a dimensionar los riesgos y saber cuándo podemos avanzar y cuándo no. Cuándo debemos huir y cuándo debemos pelear.


¿Si haces algo diferente, te puede seguir yendo mal? Es probable. ¿Si te recoge la balsa, podría volcar? Podría. ¿Si te recoge la lancha, podrías quedarte sin gasolina? Podrías. ¿Y si te recoge el helicóptero, podría tener un accidente? Podría. No se abraza una oportunidad sin riesgo y sin su consiguiente miedo. Sin embargo, poder salir de un contexto que claramente no te lleva a nada bueno te pone en mejor situación de entrada. El movimiento es vida. El movimiento no siempre implica moverse literalmente, como en el caso de nuestro infelizmente ahogado, sino implica dar un paso, tomar decisiones, y aprovechar lo que el entorno nos brinda. Ahora bien, cada individuo tiene más o menos talento a la hora de "moverse". Ese talento se entrena y se puede entrenar todos los días.


Reaprendamos a observar, reaprendamos a escuchar, reaprendamos humildad, reaprendamos a pedir ayuda y a aceptarla; atrevámonos a hacer cosas que antes no hacíamos, atrevámonos a mancharnos y a bajar al barro aunque lo dejáramos hace tiempo, atrevámonos a explorar mundos que no conocíamos, o hablar con quien no hablábamos. Antes de reinventarnos, observemos a nuestro alrededor y demos pequeños pasos.


No querría terminar este artículo, sin mentar a Walt Disney, quien tiene una frase que siempre me ha gustado releer y me ha hecho sonreír:


Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis, decidí ver cada noche como un misterio que resolver, decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

En tiempos de diluvio universal, si te ves en la situación de estar solo en lo alto de tu tejado, primero mira a tu alrededor. Y si ves a lo lejos una balsa, por pequeña y frágil que parezca, piensa que puede ser tu oportunidad.

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© 2019 de Jorge Maza. Hebynmaq: haz el bien y no mires a quien